"Si me va bien, es la segunda mejor cosa que me ha
pasado en la vida", dice una paciente miope nada más ser operada por
el oftalmólogo Andreu Coret. Con emoción apenas contenida por el
tranquilizante que ha tomado hace unas horas, confirma que lo mejor de su
vida ha sido tener un hijo y, ahora, operarse. Asegura que no ha sentido el
más mínimo dolor, ni siquiera molestias. Otros pacientes sólo recuerdan
como "un olor a pollo quemado" al actuar el láser sobre el ojo o
la sensación de estar en un túnel de lavado. Pero dolor, ninguno.
Todo ha transcurrido en menos de un cuarto de hora, unos seis o siete
minutos por cada ojo. Un par de minutos para preparar el campo operatorio y
depositar una gota de anestesia; tres segundos cruciales para cortar un finísimo
disco de poco más de 0,1 milímetros de córnea; unos segundos más para
levantarlo; medio minuto de acción del láser excimer para esculpir la córnea,
y otro par de minutos para lavar el ojo y reponer el disco corneal en su
sitio. Lavar, cortar, tallar y pegar. Primero un ojo y después el otro. Y
todo sin una gota de sangre. Parece tan sencillo que si no fuera porque se
trabaja sobre dos ojos humanos, podría hacerlo cualquiera con habilidad
manual, dice Coret, director médico del Instituto Oftalmológico de
Barcelona (IOB), donde se operan entre 600 y 800 ojos cada mes.
La técnica, denominada lasik (acrónimo de láser in situ
keratomileusis), es hoy la opción más perfeccionada, segura, cómoda y
utilizada para corregir quirúrgicamente miopías de 1 a 12 dioptrías e
hipermetropías de 1 a 6 dioptrías, con o sin astigmatismo asociado. Desde
que en 1987 se operó el primer ojo aplicando directamente sobre la
superficie de la córnea la precisión de un rayo láser excimer, la cirugía
refractiva con láser ha mejorado y madurado con la experiencia acumulada de
varios millones de ojos operados hasta convertirse en la mayor revolución
para corregir defectos visuales desde que se inventaron las lentes en el
siglo XIII.
El láser permite tallar directamente la lente correctora en el medio milímetro
de espesor que tiene la córnea sin rebanarle mucho de más de una décima
de milímetro, y con una precisión y seguridad muy superior a cualquier
otro bisturí. La cuestión es si la técnica es ya lo bastante segura o
conviene esperar. En opinión de Jairo Hoyos, director del Instituto
Oftalmológico de Sabadell (Barcelona) y primer oftalmólogo que aplicó el
lasik en España, en julio de 1993, "la técnica está madura
indiscutiblemente; y aunque cabe esperar mejoras, como en toda cirugía,
actualmente es ya muy, muy perfecta".
Sin embargo, ninguna operación quirúrgica está libre de riesgos, y
aunque en este caso sean "mínimos y controlados", a juicio de
Coret, no hay que olvidar nunca que se aplica sobre algo tan delicado y
vital como los ojos. Tanto Hoyos como Coret han operado a varios oftalmólogos.
España vive ahora un boom del lasik. De unos cuantos miles de
ojos operados en 1997 se ha pasado a unos 300.000 en 1999, la mitad de ellos
en Barcelona, según Carlos Vergés, director del Instituto Dexeus, quien
asegura que "no se trata de una moda". Vergés, que también ha
operado a oftalmólogos y dice que la cirugía refractiva con láser
"irá a más", asegura que "se ha llegado a un punto de
inflexión nuevo, al constatar que se ha abusado de la técnica y que
algunos resultados no eran del todo buenos".
Esto tiene que ver con la proliferación de centros que aplican en España
la técnica lasik (hay unos 80 o 90 aparatos de este tipo), por un precio
que oscila entre las 180.000 y las 250.000 pesetas por ojo. Los oftalmólogos
reconocen que un equipo láser, que cuesta entre 50 y 80 millones de
pesetas, se amortiza rápidamente. Aunque la técnica es bastante segura, la
experiencia del cirujano es fundamental para minimizar los riesgos, y en
consecuencia, uno de los mayores es dejar los ojos en manos poco
experimentadas.
En opinión de Coret, aparte de la experiencia del cirujano, la utilización
de la tecnología más avanzada (los láser ya van por la cuarta generación)
y las condiciones generales del centro son las otras dos exigencias que
garantizan mejores resultados. Pero, como en cualquier acto médico, lo
primero es hacer una buena indicación, es decir, operar sólo aquellos ojos
que por sus características permiten buenos resultados. La experiencia,
junto con la aparición de nuevas alternativas para los casos más
complicados, suele hacer más conservadores a los oftalmólogos. Aunque la
indicación quirúrgica es siempre algo individualizado, los cirujanos
consultados consideran que operar miopías altas, de 15 o 20 dioptrías, es
una barbaridad. Como el láser lo que hace es rebanar la córnea de forma
proporcional al número de dioptrías. Más allá de las 12 no es
recomendable el lasik.
El auge de los dos últimos años tiene que ver también con las mejoras
de la tecnología. Según Vergés, en el caso de la miopía, "hace dos
años el lasik era muy seguro hasta las 6 dioptrías, ofrecía una seguridad
variable hasta las 10, y por encima era una técnica arriesgada". Hoy,
añade, "es muy seguro hasta las 10 dioptrías de miopía, las cuatro
de hipermetropía y las cuatro de astigmatismo".